El representante del presidente estadounidense Donald Trump en Santiago, Brandon Judd, lanzó esta semana una advertencia directa contra el gobierno de José Antonio Kast: mientras los ministros chilenos sigan opinando sobre la negociación arancelaria sin manejar los temas, no existirá acuerdo. El episodio, ocurrido en un cóctel de la Cámara Chileno-Norteamericana de Comercio y repetido al día siguiente ante la prensa, dejó en evidencia las grietas en la estrategia internacional del oficialismo y elevó la tensión en la relación bilateral.
El incidente se produjo el miércoles en la noche, durante la celebración de los 250 años de la independencia de Estados Unidos, en el Hotel Ritz, ante unas 150 personas, en su mayoría empresarios y socios de Amcham. También asistieron autoridades como la ministra de Energía, Ximena Rincón, y la subsecretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Paula Estévez.
Según testigos, Judd cuestionó en al menos seis ocasiones las declaraciones de los ministros de Defensa, Fernando Barros, y de Agricultura, Jaime Campos, quienes habían criticado la decisión de la Casa Blanca de aplicar una sobretasa del 12,5% a productos como salmón, maderas, carnes de ave y bienes agrícolas chilenos. El enviado de Trump sostuvo que esas intervenciones perjudican las negociaciones que lidera la subsecretaria Estévez.
El representante estadounidense fue más allá y emplazó a los empresarios chilenos a reclamar a sus propias autoridades para que no se refieran a la relación con Estados Unidos. El canciller Francisco Pérez Mackenna había sido invitado a la cita, pero decidió no asistir como señal de distancia frente a la imposición unilateral de aranceles.
LA ESTRATEGIA BAJO CUESTIONAMIENTO
Los dichos de Judd no fueron improvisados. El jueves, ante la prensa chilena, insistió en que la negociación está en curso y expresó confianza en la negociadora chilena, pero remarcó que no habrá acuerdo si personas ajenas al proceso hablan sin tener relación con él. El cruce agitó las aguas en el oficialismo, donde empezaron a surgir voces que ponen en duda la eficacia de la apuesta de Kast por priorizar el vínculo con Washington.
El ministro Barros, en declaraciones del lunes 27, calificó la sobretasa como injusta y decepcionante, al entenderla como un castigo por una supuesta permisividad ante el trabajo forzoso. Su par de Agricultura, Jaime Campos, la consideró una pésima noticia y dijo que ni el más enemigo de los intereses chilenos se había atrevido a sostener que en Chile existe trabajo forzado. La medida se apoya en una investigación abierta bajo la sección 301 de la Ley de Comercio estadounidense, que afecta a Chile y a otros 59 países.
En el mundo militar chileno existe además preocupación por la autorización de Estados Unidos para vender aviones F-16 a Argentina y Perú, lo que reduce la capacidad disuasiva del país. A ello se suma la presión para que Chile aumente su gasto en defensa hasta cerca del 5% anual, cuando hoy se ubica entre 1,4% y 2%, y compre armamento estadounidense.
Ante el desorden generado por las declaraciones cruzadas, La Moneda instruyó a las carteras sectoriales no referirse más al tema arancelario y ratificó que la negociación queda radicada en Relaciones Exteriores. El canciller conversó con su par de Defensa para pedirle no ahondar en sus dichos y también con el embajador Judd, con quien coincidió en retomar el asunto en la mesa de negociación. Se descartó así entregar una nota de protesta al embajador, como reclamaban sectores de oposición.
CRÍTICAS AL EMBAJADOR EN WASHINGTON
Las dudas sobre la estrategia de acercamiento a Trump ya se habían manifestado antes del episodio protagonizado por Judd. El lunes 27, en una reunión del canciller con los gremios exportadores afectados por la sobretasa, las críticas se concentraron en el embajador de Chile en Washington, Andrés Ergas.
Los representantes del mundo industrial quedaron ofuscados tanto por la informalidad del embajador, quien saludó al canciller con un «hola, Pancho, cómo estái», como por el fondo de su intervención. Según asistentes, Ergas no manejaba datos de cada sector ni información sobre la estrategia estadounidense, y adoptó una actitud condescendiente frente a la administración Trump.
Ergas, un empresario sin experiencia previa en diplomacia, fue parte de la apuesta personal de Kast para acercarse al entorno trumpista de Florida. Antes del cambio de gobierno viajó a Estados Unidos junto al jefe de asesores del entonces presidente electo, Alejandro Irarrázaval, y al asesor internacional, Eitan Bloch, para sostener reuniones con funcionarios del Departamento de Estado y de la Casa Blanca.
Esa cercanía generó suspicacias en sectores de Chile Vamos, especialmente cuando la administración estadounidense presionaba por compromisos en materias sensibles, como replicar aranceles a importaciones de terceros países, implementar mecanismos de screening, priorizar el acceso a minerales críticos o restringir la firma de nuevos tratados de libre comercio. Chile no ha aceptado varias de esas exigencias.
EXIGENCIAS DE EE.UU. PONEN EN JAQUE EL TLC
El canciller Pérez Mackenna intentó contener los daños de esa estrategia. Pero su visita a Washington el 6 de julio, donde se reunió con el secretario de Estado Marco Rubio y calificó a Estados Unidos como el principal socio estratégico de Chile, fue considerada un traspié por algunas voces de la oposición y del propio oficialismo, pues el país aparecía en la lista de las sobretasas más gravosas.
En esa conversación, que se prolongó por más de 45 minutos y se desarrolló en español, no se abordó el tema arancelario. Recién en reuniones posteriores con autoridades comerciales estadounidenses se abrió una ventana de negociación bilateral.
Allí se conocieron dos condiciones para salir del 12,5%. La primera exige regular las importaciones de terceros países que no controlen el trabajo forzoso, medida que apunta evidentemente contra China, principal socio comercial de Chile. La segunda, hasta ahora desconocida, implica firmar un acuerdo escrito que asuma un arancel del 10% para determinados productos, lo que supondría modificar el TLC suscrito entre ambos países hace más de 20 años con arancel cero.
Para el equipo negociador chileno, esa condición resulta inaceptable. La opción que se abre es defender la vigencia del TLC y discutir sobretasas temporales, producto por producto, con la esperanza de excluir la mayor cantidad posible de este gravamen.
A fines de agosto llegará a Chile Jeffrey Goettman, segundo a cargo del organismo comercial estadounidense, para continuar las conversaciones. El resultado de esas negociaciones pondrá a prueba, una vez más, la apuesta de acercamiento de Kast a la administración Trump.
Fuente: La Tercera
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
