La exministra Mara Sedini y la exministra Trinidad Steinert se sumaron esta semana a la larga lista de altos funcionarios que deben reinventarse tras dejar el gobierno. Ambas dejaron sus cargos esta semana. Ahora enfrentan el mismo desafío que ya viven varios integrantes del gabinete de Gabriel Boric: encontrar un nuevo rumbo laboral y profesional fuera de La Moneda.
El proceso no es sencillo. Francisco Vidal, exministro del Interior de Ricardo Lagos, señala que al día siguiente de su salida ya estaba en una entrevista laboral en la Universidad Alberto Hurtado vestido de corbata. Pasó de la adrenalina de Interior a una vida normal de un día para otro, lo que generó una sensación angustiante. Meses después, su cuerpo resintió el cambio de velocidad y los médicos le diagnosticaron estrés acumulado.
Para Raúl Figueroa, quien fue ministro de Educación con Sebastián Piñera, ser ministro implica un trabajo que demanda al máximo diversas habilidades como comunicar, gestionar, tomar decisiones con información escasa y negociar. En el mundo privado, por lo general, se pide una sola de esas capacidades, mientras que en el gobierno se requiere dominarlas todas. Quienes fracasan en estos cargos, dice, no es por falta de inteligencia, sino por fallar en alguna de esas dimensiones.
Dejar el gobierno no solo afecta al cuerpo, sino también a la autoestima. Muchos exministros vuelven al lugar desde el que partieron: los académicos regresan a las aulas, los abogados a los tribunales y los doctores al sistema de salud. Ese ha sido el camino para catorce exsecretarios de Estado de la administración Boric. Nicolás Grau, Luis Cordero y Alberto van Klaveren, junto a Nicolás Cataldo, Ximena Aguilera, Jaime Gajardo y Giorgio Boccardo, retomaron la academia. También lo hicieron Juan Carlos Muñoz, Macarena Lobos, Esteban Valenzuela, María Ignacia Fernández, Claudio Huepe, Diego Pardow y Aldo Valle.
Con matices, Cordero retoma lentamente sus actividades en el estudio FerradaNehme, donde era socio. Ximena Aguilera buscó reintegrarse a la UDD, pero no logró concretarlo y finalmente se incorporó a la UDP. Jeannette Vega y Begoña Yarza regresaron al ámbito sanitario, la primera en medio de una polémica con el ministerio actual. Marco Antonio Ávila se sumó a la Junji de Coquimbo.
Un exministro de Boric señala que lo más difícil es para quienes vienen de la política, porque no buscan ir al sector privado como primera opción. Quieren volver a la primera línea, son animales políticos. Pero volver o reinventarse no ha sido fácil para quienes estuvieron en la cúpula de un gobierno derrotado en la elección presidencial de 2025. Muchos que han intentado privatizarse se topan con el argumento de que provienen de una administración dura con el sector privado.
Ese es el escenario que enfrentan ahora Carolina Tohá, Álvaro Elizalde, Carlos Montes y Maya Fernández. También Camila Vallejo, Antonia Orellana, Javiera Toro y Francisco Figueroa. Además, Miguel Crispi y Mario Marcel, dos figuras que pasaron de ser fundamentales en el gobierno a estar sin una fuente laboral estable. Los exministros políticos de Boric enfrentan un desafío doble: no solo deben reinventarse, sino que los resultados electorales los obligaron a hacerlo cuando muchos recién cumplieron 40 años, tras dedicar casi la mitad de su vida a llegar al poder.
Camila Vallejo, luego de ser vocera de gobierno y una de las personas más cercanas al Presidente, se encuentra sin trabajo estable. Un exministro de Boric dice que ella no ha parado desde que era dirigente estudiantil, fue madre dos veces entremedio y necesita descanso. Carolina Tohá creó un observatorio de seguimiento de políticas de seguridad que la ha mantenido en el centro de la discusión pública, pero hasta ahora no se conocen proyectos asociados. Mario Marcel pasó de presidir el Banco Central a realizar consultorías internacionales y ha mantenido en reserva su colaboración en la estrategia opositora contra la megarreforma de Kast.
Jeannette Jara optó por fundar una consultora llamada Faro, que sus cercanos califican como en rodaje, aunque ha realizado charlas políticas en el extranjero vinculadas al progresismo. Javiera Toro, exministra de Bienes Nacionales y Desarrollo Social, realizó una carrera como abogada en FerradaNehme, el mismo bufete de Luis Cordero, pero por ahora se dedica a la discusión política interna del Frente Amplio, al igual que Antonia Orellana.
Un exsecretario de Estado de la Nueva Mayoría no es optimista respecto del futuro laboral de la generación que dejó La Moneda. Sostiene que están todos desesperados, presionando a alcaldes y diputados para que les encuentren algo, pero como están tan expuestos, no se atreven a ponerlos en una planilla de pago. Cree que están condenados a ser lobistas. Un exministro de Boric agrega que, para quienes tienen trayectorias políticas profesionales, si deciden privatizarse, deben hacerlo de manera definitiva, porque lo transitorio no les sirve: el mercado no les da credibilidad.
Hay varios que lo intentan. Ana Lya Uriarte creó asesorías hace dos años, Jeannette Jara fundó su consultora Faro, Álvaro García reabrió su consultora privada y Aisén Etcheverry es hoy directora de Asuntos Públicos de Crítica. Giorgio Jackson tomó otro camino: hoy estudia un doctorado en Barcelona. Dice que salda una deuda consigo mismo y con su desarrollo personal, ya que desde antes de titularse en 2013 quería especializarse en el extranjero y postergó ese sueño por razones políticas.
Hay transiciones más fáciles. Jorge Burgos, que estuvo a cargo de Defensa e Interior con Michelle Bachelet, volvió a ser abogado. Dice que se acostumbró al Metro, a pagar impuestos en abril y a una vida más apacible, aunque echa de menos la complejidad del poder. Helia Molina, también ministra de Bachelet, renunció tras una polémica entrevista y terminó en la Universidad de Santiago. Confiesa que le hubiera gustado seguir siendo ministra.
La dificultad de reciclarse en la academia es que los sueldos no siempre alcanzan. Un exministro de Bachelet admite que algunos hacen boletas en universidades por 300 mil o 500 mil pesos, y tienen que hacer clases en tres o cuatro instituciones para juntar dos o tres millones. También dice que la izquierda lo tiene más difícil que la derecha, porque antes existían fundaciones sin plata y muchos montan consultoras para asesorar a parlamentarios o alcaldes.
Los políticos de derecha tienen procesos de reinvención menos traumáticos, según la izquierda. Hay una red de universidades privadas que ha reclutado a varios para abrir observatorios o potenciar facultades. Un exministro de Piñera confirma que, a pesar de tener un buen sueldo, tuvo que echar mano a sus ahorros durante el gobierno. Además, después del segundo gobierno de Piñera, el retorno al mercado laboral se volvió complejo porque el mundo privado vio a los políticos como un riesgo para la marca o reputación. Alguien que fue ministro en esa administración se demoró ocho meses en encontrar trabajo.
Un miembro del gabinete del segundo gobierno de Piñera asegura que el mundo privado muchas veces no entiende cómo se trabaja en estos cargos. En el fondo, dice, eres como un artículo interesante para la sobremesa.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
