La historiadora Josefina Araos plantea que la derecha política nacional requiere una mayor sofisticación intelectual para abordar fenómenos sociales complejos como el ocurrido en octubre de 2019. La subdirectora del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES) sostiene que la tendencia a calificar estos hechos como un mero estallido delictual impide una comprensión cabal de sus causas profundas y deja a quienes gobiernan sin herramientas para anticipar o gestionar crisis futuras.
VISIÓN SOBRE EL ESTALLIDO SOCIAL
En conversación con este medio, Araos recordó la mañana del 19 de octubre de 2019, cuando la noche anterior más de veinte estaciones del Metro habían sido incendiadas. Mientras sectores políticos exigían mano dura, la historiadora observó que la ciudadanía no pedía represión. Para Araos, la categoría de «estallido delictual» puede generar impacto mediático, pero no es suficiente para explicar lo sucedido.
La académica indicó que la crisis de aquella jornada contiene dos dimensiones inseparables: la violencia que la gatilló y la desconexión que el gobierno de Sebastián Piñera mostró con el descontento social. En su opinión, ese gobierno careció de instrumentos interpretativos más allá de la economía, lo que dificultó leer señales que ya estaban presentes en debates previos.
EL ROL DE LAS IDEAS EN LA DERECHA
Araos criticó que en parte de la derecha persista una mirada que considera el libro y el debate intelectual como algo inútil o diletante. Hizo referencia directa al presidente de la República, José Antonio Kast, quien calificó el 18-O como un estallido delictual. Para Araos, esa frase fue desafortunada porque cerró la posibilidad de un debate más profundo.
La historiadora, candidata a doctora en Filosofía, sostuvo que el presidente Kast no es un intelectual, sino un dirigente político de acción, y que ello no es necesariamente un problema, siempre que se rodee de personas con densidad intelectual. Recordó que Hannah Arendt señalaba que el político debe conocer el sentido común de los ciudadanos, y expresó su confianza en que el mandatario cuente con referencias más sofisticadas para interpretar la realidad chilena.
EL IES Y SU APORTE
Araos forma parte del IES, organización que celebra dos décadas de existencia y que se ha distinguido por su enfoque en los principios y fundamentos que inspiran las políticas públicas, a diferencia de otras instituciones como el CEP o Libertad y Desarrollo, que se centran más en economía y asesoría legislativa. El IES, de inspiración humanista y antropología cristiana, ha buscado renovar la mirada de la derecha desde el retorno a la democracia, revisando sesgos y perspectivas que consideraba ausentes.
El aniversario del instituto será celebrado con una edición especial de la revista Punto y coma, que se presentará el próximo miércoles con comentarios de Isabel Plá, Cristián Warnken y Eugenio Tironi.
GOBIERNO DE KAST Y DESAFÍOS
Respecto del actual gobierno, Araos valoró el cambio de gabinete como una muestra de sentido de realidad y reconocimiento de problemas de diseño, aunque lo calificó como un hecho doloroso para el presidente. Señaló que las dificultades en seguridad y vocería expusieron al mandatario y que la incorporación de figuras como Alvarado y Arrau, a quienes describió como personas con oficio político, conocimiento del Estado y capacidad de mediación con la ciudadanía, representaba una apuesta con cierta lógica.
Araos también advirtió sobre el riesgo de que ciertas derechas adopten discursos refundacionales, similares a los que se vieron en la Convención Constitucional, y recordó que una mirada severa sobre la realidad puede derivar en agendas tan problemáticas como las que se critican. No obstante, descartó que el presidente Kast haya dado señales de tener una relación instrumental con la democracia, y criticó las etiquetas de «ultraderecha» que a menudo pierden de vista las singularidades de cada caso.
CONCLUSIÓN
La historiadora llamó a la derecha a no subestimar el valor del debate intelectual y las ciencias sociales para gobernar. En su opinión, la pregunta clave no es solo cómo contener la violencia, sino qué problemas sociales hicieron posible que la ciudadanía no se indignara ante la destrucción del Metro. Esa interrogante, advierte, sigue vigente y exige respuestas que van más allá del orden público.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
