La Corte Suprema invistió a una nueva generación de abogadas y abogados en una ceremonia solemne realizada el 19 de junio de 2026. El acto, transmitido por el canal Poder Judicial Chile, no solo formalizó el ingreso de decenas de profesionales al ejercicio de la justicia, sino que también fue escenario de una profunda reflexión sobre el rol del derecho en la sociedad y su vínculo con la historia.
El pleno del máximo tribunal se reunió en audiencia pública para dar cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 521 del Código Orgánico de Tribunales. La ceremonia fue presidida por la presidenta de la Corte Suprema, quien, acompañada de ministras y ministros del tribunal, dirigió las palabras centrales del evento.
EL RITO DEL JURAMENTO
El secretario subrogante del tribunal procedió a tomar el juramento o promesa a los postulantes, agrupados según su Corte de Apelaciones de origen. Desde Antofagasta hasta Puerto Montt, pasando por Copiapó, La Serena, Valparaíso, Rancagua, Talca, Chillán, Concepción, Temuco y Valdivia, cada grupo fue convocado para prestar el compromiso solemne de desempeñar la profesión con lealtad y honradez.
Un grupo especial correspondió a quienes juraron directamente ante la Corte Suprema. La fórmula legal, establecida en el artículo 522 del Código Orgánico de Tribunales, fue repetida por cada licenciada y licenciado, quienes respondieron afirmativamente al requerimiento. Una vez completado el proceso, la presidenta declaró formalmente investidos con el título de abogada o abogado a todos los presentes, en nombre y representación del tribunal.
UN DISCURSO CON MEMORIA HISTÓRICA
En su alocución, la presidenta de la Corte Suprema vinculó el acto de juramento con la tradición jurídica occidental. Recordó que el 18 de junio de 1815 tuvo lugar la batalla de Waterloo, episodio que marcó el fin de las guerras napoleónicas y que, más allá de su importancia militar, impulsó el desarrollo de un orden basado en reglas compartidas.
La ministra sostuvo que a partir de ese momento histórico las naciones europeas comenzaron a construir instituciones y mecanismos de cooperación, anticipando lo que más tarde serían el derecho internacional y los sistemas multilaterales de solución de controversias. La lección, señaló, es que la paz duradera exige instituciones legítimas y respeto por el derecho, principio que se extiende también a la vida interna de las sociedades.
El discurso enfatizó que la profesión jurídica ocupa un lugar central en las democracias contemporáneas, precisamente porque canaliza los desacuerdos mediante argumentos y procedimientos, no por imposición. Cada conflicto resuelto dentro del marco del derecho reafirma una conquista civilizatoria construida durante siglos.
ÉTICA PROFESIONAL Y COMPROMISO SOCIAL
La presidenta destacó que el juramento no es una formalidad vacía. Detrás de las exigencias de honestidad y lealtad que consagra el artículo 522 del Código Orgánico de Tribunales subyacen virtudes como la excelencia, la ética, la buena fe, la prudencia, la discreción y el sentido de solución efectiva de conflictos. Estos atributos, afirmó, forjan el concepto de buen abogado o buena abogada.
Agregó que el ejercicio de la abogacía no agota sus efectos en el interés particular de cada caso. Por modesta que parezca cada gestión profesional, en ella subyace una contribución al fortalecimiento del Estado de Derecho y a la confianza ciudadana en las instituciones.
Tras los discursos, la presidenta dio por terminada la ceremonia, deseando a los nuevos profesionales oportunidades en el ámbito personal y laboral. Los aplausos cerraron un acto que, más allá de la formalidad, reafirmó el compromiso de la generación entrante con los valores que sustentan la justicia en Chile.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
