María Pía Silva asume la presidencia del Tribunal Constitucional, con el desafío de despejar las sospechas sobre un supuesto sesgo ideológico en las decisiones del organismo. La ceremonia de investidura, celebrada este lunes, contó con la asistencia del Presidente José Antonio Kast, un gesto inédito que algunos interpretaron como tal. Silva llega al cargo en un momento en que la oposición ha anunciado que recurrirá al TC para impugnar proyectos clave como el de reconstrucción y el Registro de Vándalos, tras haberlo hecho ya con Escuelas Protegidas.
En su discurso, la nueva presidenta buscó marcar distancia de la pugna política. «Como afirmamos en reciente sentencia, el control que aquí se ejerce no es político ni de mérito, sino estrictamente jurídico», sostuvo, en una alusión directa al debate que ha envuelto al tribunal bajo distintos gobiernos. Sus palabras pretenden reforzar la imagen de un órgano técnico, ajeno a las contiendas partidistas, justo cuando su rol dirimente será clave para dirimir controversias legislativas.
LOS DESAFÍOS DE SILVA
Silva delineó los ejes de su gestión con un énfasis en la transparencia y la cercanía con la ciudadanía. Anunció un «modelo de justicia abierta» que incluye mejoras sustanciales al buscador de jurisprudencia, la divulgación efectiva de sentencias relevantes y la promoción de espacios de educación cívica sobre la labor jurisdiccional y la Constitución. También se propuso acercar el tribunal a las regiones, fortalecer el diálogo con la academia y los órganos públicos.
OPINIÓN DE SUS ANTECESORES
La expresidenta del TC Marisol Peña advirtió, en una carta al director en El Mercurio, que Silva asume «en un período en que el Tribunal está siendo claramente utilizado para cuestionar diversos proyectos de ley por los mismos que lo tildaron en el pasado de ‘tercera cámara'». Peña urgió a que las sentencias sean claras para la ciudadanía y no objetos de interpretación, demandando «un esfuerzo por la obtención de consensos en la línea gruesa de los razonamientos».
Tras participar en la ceremonia, Peña valoró los compromisos de Silva, en particular el de acercar el tribunal a la ciudadanía mediante audiencias públicas en proyectos de ley relevantes, lo que daría mayor legitimidad a sus fallos. Sin embargo, señaló que aún se aprecian consideraciones de mérito de políticas públicas en algunas sentencias, y que «todavía se puede hacer un esfuerzo mayor por depurar los razonamientos».
Por su parte, el expresidente Raúl Bertelsen, en entrevista con EmolTV, reconoció el riesgo de que el TC sea utilizado «en favor de una determinada concepción política» y para «obstaculizar la aprobación de proyectos de ley». No obstante, confió en la capacidad de Silva para dirigir el tribunal en este momento complejo, aunque advirtió que «no siempre las ideas que hay sobre cómo van a votar los ministros se verifican en la realidad». También pidió sentencias más claras y cortas.
En tanto, la expresidenta María Luisa Brahm respaldó la afirmación de Silva sobre el control jurídico y destacó su dedicación y capacidad, augurando que será «una gran presidenta».
El biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, quien asistió a la ceremonia, sostuvo que esta presidencia «va a hacer un aporte significativo a la trayectoria del tribunal» y que lo importante es que las instituciones funcionen de la mejor manera posible.
Fuente: EMOL
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
