LA LLEGADA DE UN VECINO ESPECIAL A SAN MIGUEL
Cuando todavía era presidente, Gabriel Boric tomó la decisión de establecerse en San Miguel. El primer paso fue la compra de una antigua casona de 90 años, de dos pisos y 235 metros cuadrados, situada en la calle Real Audiencia, cerca de la estación Lo Vial del Metro. Mientras la remodelaba, optó por arrendar un departamento de aproximadamente 70 metros cuadrados en un edificio de la calle Teresa Vial, en el piso 14. Comenzó a ocuparlo a fines de febrero, tras desarmar su residencia en el barrio Yungay y cuando ya se acercaba el fin de su mandato.
La noticia de tener a un presidente como vecino se apoderó rápidamente de las conversaciones del barrio, más acostumbrado a temas como el estado de los juegos infantiles en la plaza. Un día, Boric comenzó a tocar los timbres de los vecinos de su piso para presentarse. En esas breves charlas, explicaba que llegaba a vivir con su hija y su pareja, Paula Carrasco, hasta que su casa estuviera lista.
Tras el cambio de mando, la presencia del expresidente se volvió más habitual. Montserrat Labbé, vendedora del minimarket Tatita Jaime, empezó a verlo una vez por semana. Allí descubrió que Boric tiene debilidad por los yogures con cereales, los completos y las sopaipillas, y que no escatima en bromas. En una ocasión, un cliente le dijo «Oiga, usted es Gabriel», y él, con una sonrisa, le respondió que no era quien pensaba, que no era el comunista al que se refería. Y se fue.
UNA INVITACION QUE LLEGO CON CARTA
Geraldine Guerrero, dirigenta social y vendedora de ropa para mascotas, ideó un plan para recibir a Boric. Tras escuchar de una compañera emprendedora que su hija se había topado con él en un paradero, decidió organizarle una bienvenida. Consiguió el número de departamento a través de una amiga que vivía en la misma torre y le escribió una carta presentándose como dirigenta, destacando su cercanía con el pueblo. Su hija llevó la carta a la conserjería, donde un escolta indicó que la revisarían por protocolos. Tres días después, el teléfono de Guerrero sonó al mediodía. Cuando contestó, escuchó una voz que la saludaba. Al preguntar de quién se trataba, la respuesta fue: «Soy Gabriel Boric».
EL APETITO Y LAS RUTINAS DEL BARRIO
La cercanía del exmandatario despertó el interés de muchos vecinos que querían conocerlo. La concejala del Frente Amplio, Viviana Llambías, recibió mensajes preguntando cómo contactarlo. Ella respondía que no manejaba su agenda.
El apetito y las costumbres del exmandatario se convirtieron en un tema recurrente entre los vecinos. Muchos saben que disfruta de la promoción de shawarma, papas fritas y dulce árabe del food truck venezolano Las delicias del chef. También que sale a andar en bicicleta, camina por el sector, compra en el Jumbo de El Llano con su hija y la lleva a la Plaza Gabriela Mistral, pese al mal estado de los juegos. A veces lo acompaña un escolta alto y rubio que las vecinas describen como «parece un jugador retirado de la Universidad Católica».
LAS REUNIONES PARTIDARIAS Y LA VIDA EN LA COMUNA
De manera paralela, Boric se integró a las Unidades Congresales del Frente Amplio en San Miguel, instancias de debate sobre el futuro del partido, las alianzas y los principios. Las reuniones se realizaban en casas de militantes, con grupos de aproximadamente 20 personas. La concejala Llambías recuerda que Boric usó sus tres minutos para hablar, escuchó a los demás y pidió que nadie lo idolatrara en el debate.
La vida del exmandatario combinaba la rutina vecinal con compromisos internacionales. En una semana podía estar discutiendo con vecinos y a la siguiente viajar a España, invitado por Pedro Sánchez, para exponer junto a otros líderes latinoamericanos. Estos viajes provocaban ansiedad en Geraldine Guerrero, ya que Boric pospuso varias veces el desayuno acordado.
EL DESAYUNO CON EMPRENDEDORAS
El 5 de mayo Boric cumplió su palabra. El encuentro con mujeres emprendedoras de la comuna se realizó en el Café Realeza, que Patricia Reyes y sus hijas aún no inauguraban, ubicado en la calle Ana Luisa. Aún había maestros trabajando en el patio cuando el exmandatario llegó. Su escolta, por protocolo de seguridad, revisó la casa y el perímetro. Boric recorrió en bicicleta los 600 metros desde su casa, llegando a las 10 de la mañana. Al notar que le habían asignado la cabecera de la mesa, solicitó cambiarse al centro para estar más cerca de las invitadas.
Durante las dos horas de conversación, Boric respondió todas las preguntas. Dijo que siempre quiso vivir en San Miguel, que incluso después de ser electo presidente buscó casa por calle Soto Aguilar, y que se decidió por esta comuna por ser un barrio tranquilo, con pocos edificios y porque los abuelos de su pareja viven en San Joaquín. También comentó que no quería residir en el sector oriente, porque buscaba un espacio donde su hija pudiera crecer sin estar en una burbuja.
Mencionó que tiene planes de regresar a Punta Arenas en el futuro, una vez que el hijo mayor de su pareja alcance la mayoría de edad, y que le gustaría que ella se integrara más a la dinámica comunitaria. Entre sus propuestas, destacó la de alejar a los niños de los teléfonos, mediante actividades como recitales de poesía y micrófonos abiertos en la Plaza Gabriela Mistral.
UN VECINO QUE SE GANA A LOS VECINOS
Semanas después, Boric volvió a su faceta de exmandatario internacional, viajando a Europa para participar en el Hay Festival en Gales y dando entrevistas donde habló de su posible candidatura y de los desafíos de la izquierda. Sin embargo, los vecinos de San Miguel prefieren quedarse con la imagen del Boric que llegó en bicicleta, con una camiseta de la UC y sonriendo al ver la mesa repleta de dulces. Geraldine Guerrero lo recuerda radiante, describiéndolo como «como un niño pequeño».
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
