La reinvención profesional de los exministros del gobierno de Gabriel Boric ha resultado ser un proceso marcado por la incertidumbre y la diversidad de caminos, según las experiencias recogidas entre quienes han debido abandonar la primera línea política. El fenómeno no es nuevo, pero adquiere características particulares cuando quienes dejan el poder provienen de una administración que terminó con una derrota electoral significativa en 2025.
A esta dinámica se han sumado recientemente Mara Sedini y Trinidad Steinert, dos exministras que ahora se enfrentan al desafío de encontrar un nuevo rumbo profesional tras su salida del gobierno.
EL IMPACTO DEL CAMBIO DE RITMO
La transición desde la alta gestión pública a la vida cotidiana puede generar un choque profundo. Francisco Vidal, quien fue ministro del Interior durante el gobierno de Ricardo Lagos, relató que al día siguiente de dejar el cargo se encontró realizando una entrevista de trabajo en la Universidad Alberto Hurtado, pasando de la adrenalina de la cartera a una vida normal que describió como «un poquito angustiante». Su cuerpo no logró adaptarse al cambio de velocidad y meses después experimentó un estrés que recién entonces comprendió.
Esa sensación de desconexión es compartida por muchos. Exministros de distintas administraciones han señalado que el puesto exige al máximo todas las capacidades: comunicación, gestión, toma de decisiones con información escasa y negociación, mientras que en el mundo privado normalmente se requiere solo una de ellas. Dejar el gobierno no solo afecta el cuerpo, sino también la autoestima, pues el retorno suele ser al lugar de origen: los académicos vuelven a las aulas, los abogados a los tribunales y los doctores al sistema de salud.
LOS CAMINOS DE LA REINSERCIÓN ACADÉMICA
Catorce exministros del gabinete de Gabriel Boric han optado por regresar a la academia. Entre ellos figuran Nicolás Grau, Luis Cordero, Alberto van Klaveren, Nicolás Cataldo, Ximena Aguilera, Jaime Gajardo, Giorgio Boccardo, Juan Carlos Muñoz, Macarena Lobos, Esteban Valenzuela, María Ignacia Fernández, Claudio Huepe, Diego Pardow y Aldo Valle. Algunos retornaron a las mismas universidades donde trabajaban antes de entrar al gobierno, mientras que otros cambiaron de casa de estudios.
Sin embargo, no todas las transiciones académicas han sido sencillas. Ximena Aguilera, exministra de Salud, intentó regresar a la Universidad del Desarrollo sin éxito y finalmente recaló en la Universidad Diego Portales. En tanto, Luis Cordero retorna progresivamente al estudio FerradaNehme, donde era socio. Jeannette Vega y Begoña Yarza volvieron al ámbito de la salud, mientras que Marco Antonio Ávila encontró trabajo en la Junji de Coquimbo.
Resulta particularmente complejo reintegrarse, señaló un exministro de Boric, cuando la trayectoria proviene enteramente del ámbito político, ya que la primera opción no suele ser el sector privado sino el deseo de retornar a la actividad política. Para ellos, el proceso ha sido especialmente difícil, sobre todo porque la administración saliente fue duramente criticada por el mundo privado.
LOS DESAFÍOS DE LOS EXMINISTROS POLÍTICOS
Varias figuras clave del gobierno anterior enfrentan hoy un panorama laboral incierto. Carolina Tohá, Álvaro Elizalde, Carlos Montes, Maya Fernández, Camila Vallejo, Antonia Orellana, Javiera Toro y Francisco Figueroa se encuentran sin trabajo estable. Lo mismo ocurre con Miguel Crispi y Mario Marcel, quienes pasaron de ser fundamentales en la administración a carecer de una fuente laboral estable.
Camila Vallejo, exvocera de gobierno, es quizás el caso más emblemático. Un exministro de Boric comentó que Vallejo ha estado activa ininterrumpidamente desde su época de dirigente estudiantil, que fue madre en dos ocasiones durante ese período y que considera que necesita descanso. Carolina Tohá creó un observatorio de seguimiento de políticas de seguridad, pero hasta ahora no se conocen proyectos concretos asociados a él. Mario Marcel, por su parte, realiza consultorías internacionales y ha mantenido en reserva su colaboración con la estrategia opositora contra la megarreforma de Kast.
Jeannette Jara fundó una consultora llamada Faro, que sus cercanos califican como «en rodaje», y ha realizado charlas políticas en el extranjero. Javiera Toro, quien estuvo en Bienes Nacionales y Desarrollo Social, se ha dedicado a la discusión política interna del Frente Amplio al igual que Antonia Orellana.
Un exsecretario de Estado de la Nueva Mayoría expresó pesimismo sobre el futuro inmediato de esta generación, señalando que muchos están «desesperados» y que, debido a su exposición pública, no se atreven a ser contratados formalmente, pues estarían «condenados a ser lobistas».
LAS DIFERENCIAS ENTRE IZQUIERDA Y DERECHA
Desde la izquierda se percibe que los políticos de derecha tienen procesos de reinserción menos traumáticos, apoyados por una red de universidades privadas que los reclutan para abrir observatorios o potenciar facultades. Un exministro de Sebastián Piñera confirmó que, aunque tenía un buen sueldo en el gobierno, debió echar mano a sus ahorros porque la remuneración no cubría los gastos familiares.
No obstante, el retorno al mercado laboral tampoco ha sido sencillo para la derecha después del segundo gobierno de Piñera. El mundo privado vio a los políticos como elementos que podían afectar la marca o reputación de las empresas, especialmente tras el estallido social. Un exministro de Chile Vamos relató que un colega demoró ocho meses en encontrar trabajo y que incluso hubo ofertas de directorios que luego se retiraron.
Un miembro del gabinete de Piñera señaló que el mundo privado no comprende cómo se trabaja en estos cargos públicos, y que los exministros son vistos como «un artículo interesante para la sobremesa».
LAS TRANSICIONES MÁS FELICES Y LA REALIDAD DE LA DOCENCIA
Algunos exministros han logrado una reinserción más apacible. Jorge Burgos, quien estuvo a cargo de Defensa e Interior con Michelle Bachelet, volvió a ejercer la abogacía y hoy disfruta de una vida más tranquila, aunque extraña la complejidad del poder. Helia Molina, también ministra de Bachelet, regresó a la docencia en la Universidad de Santiago, pero confesó que «se hubiera cortado varios dedos por seguir de ministra».
La realidad de la docencia, sin embargo, es que los sueldos a veces no alcanzan. Un exministro de Bachelet admitió que algunos exsecretarios de Estado andan haciendo boletas en universidades por montos de 300 mil a 500 mil pesos, y deben hacer clases en tres o cuatro instituciones para juntar dos o tres millones de pesos. Antes existían fundaciones, pero pagaban poco. Muchos montan consultoras para asesorar a parlamentarios o alcaldes, elaborando los mismos informes para todos.
Para quienes han optado por la formación académica como Giorgio Jackson, quien estudia un doctorado en Barcelona, la experiencia es de libertad y de saldar una deuda personal y profesional. Un exministro de la Nueva Mayoría sostuvo que la única certeza es que la experiencia y la red de contactos no bastan: debe haber un complemento formativo que abra más campos de reinserción.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
