El expresidente Gabriel Boric rompió el silencio que se había impuesto tras dejar La Moneda al reaccionar con dureza a una acción administrativa de la Tesorería General de la República. El exmandatario, quien había definido una estrategia de repliegue y fair play con la administración de José Antonio Kast, salió de su reserva el pasado 10 de junio al conocer los embargos de cuentas corrientes a deudores del Crédito con Aval del Estado (CAE). Su reacción marca el punto más alto de un rearme político anticipado que, hasta ahora, se ha mantenido acotado a temas que tocan directamente su legado en educación.
CONTEXTO DE LA TREGUA
Antes de dejar el poder el 11 de marzo, Boric delineó con su gabinete una estrategia de contención. En una reunión con todos sus ministros, el entonces presidente impulsó la idea de mantener un perfil bajo durante los primeros meses del nuevo gobierno. El análisis se centró en la naturaleza del oficialismo entrante, representado por Kast y figuras como Donald Trump, Javier Milei y Jair Bolsonaro. En esa conversación se concluyó que estas administraciones basan gran parte de su relato en la crítica descarnada a la gestión anterior. Por ello, se acordó evitar entrar en polémicas directas.
Hasta el 10 de junio, la mayoría de los exministros cumplió esa directriz. Figuras como Álvaro Elizalde y Antonia Orellana se han convertido en los rostros visibles de la defensa del legado de Boric, mientras el exjefe de Estado se centró en su agenda internacional. Sin embargo, el exmandatario transmitió a su entorno molestia por las recurrentes críticas del oficialismo, que han cuestionado su manejo económico, en seguridad y su gestión de cuatro años. Incluso, personeros de derecha amenazaron con acusar constitucionalmente a dos de sus ministros, materializándose el libelo contra Nicolás Grau.
LA RUPTURA DEL 10 DE JUNIO
El detonante fue la decisión de la Tesorería General de la República de embargar cuentas corrientes de algunos deudores del CAE. Para Boric, este tema es una de las fibras más sensibles, pues su carrera política se originó en el movimiento estudiantil y durante su gobierno no pudo cumplir su promesa de campaña de terminar con ese crédito. La medida, impulsada por Hacienda, lo indignó. Ese día, a través de sus redes sociales, el expresidente quebró la tregua tradicional entre un exjefe de Estado y el mandatario vigente, cuestionando duramente la acción administrativa.
Desde entonces, Boric ha dado un paso más en su forzado rearme, transformándose en uno de los protagonistas de la discusión pública, un perfil que, según sus cercanos, quiere evitar. Más allá de esta polémica, el exmandatario no se ha involucrado en otros temas de contingencia nacional, aunque algunos de sus allegados apuestan por su intervención si Nicolás Grau es castigado en el Senado mediante la acusación constitucional en su contra. En la izquierda dan por descontado que la ofensiva será visada por la Cámara.
MONITOREO SILENCIOSO DE LA AGENDA
La asistencia de Boric al cambio de mando de la rectoría de la Universidad de Chile es una muestra de su agenda post presidencial. Allí, en el Salón de Honor, se mostró amistoso con dirigentes políticos, incluyendo al senador Luciano Cruz-Coke (Evópoli), sin referirse a temas de contingencia. Además, ha asistido al estadio, ha mantenido una activa vida vecinal en San Miguel y ha participado en lanzamientos de libros de sus exministros Mario Marcel y Carolina Tohá.
En paralelo, el expresidente ha estado atento a la contingencia, especialmente en asuntos vinculados a su gobierno. Estuvo en contacto con Carlos Montes cuando fue amenazado de una posible acusación constitucional. También siguió de cerca el libelo contra Grau, pese a encontrarse en Europa. Ha monitoreado la discusión por la megarreforma económica de Kast, solicitando insumos a personeros del sector que han levantado una contrapropuesta a la iniciativa de Jorge Quiroz. También ha estado al tanto de la crisis por los menores haitianos, aunque no se ha pronunciado al respecto.
PREPARACIÓN PARA EL FUTURO
Boric ha estado estudiando temas vinculados a la innovación y nuevas tecnologías, un área que considera crucial para su futuro político y que podría ser clave para su oficina, aún en construcción. En este periodo de reflexión, el exmandatario dispone de tiempo para preparar su rearme definitivo. Un asunto que no puede eludir es la posibilidad de una nueva candidatura presidencial, dado su corta edad. Según bromean en su círculo, podría postularse hasta siete veces, y él mismo ha dejado la puerta abierta públicamente. Sin embargo, en conversaciones privadas levanta una advertencia: «También está Tomás Vodanovic».
La estrategia de Boric combina un monitoreo constante de la agenda legal y política del gobierno de Kast, con una reacción selectiva solo cuando se tocan temas medulares de su administración, como el CAE o las acusaciones constitucionales contra sus excolaboradores. Su rearme, aunque forzado por las circunstancias, parece estar diseñado para mantenerlo como un actor relevante en la discusión pública, sin desgastarse en polémicas menores, mientras se prepara para un eventual retorno a la primera línea política.
Fuente: La Tercera
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
