El fenómeno de El Niño amenaza con generar un complejo escenario productivo para Chile durante los próximos meses, lo que mantiene en alerta a industrias completas, desde la pesca hasta la generación eléctrica. La principal preocupación se centra en cómo las compañías podrán ajustar sus operaciones y mitigar los riesgos productivos ante condiciones climáticas extremas que no se registraban con esta magnitud desde 1997.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó el 11 de junio pasado que las condiciones de El Niño ya están instaladas, con una temperatura superficial del océano en el Ecuador que se elevó 0,7 grados. Los modelos matemáticos anticipan que el evento se intensificará durante el verano austral de 2026-27, con un 63% de probabilidad de que alcance su punto máximo entre noviembre y enero. Raúl Cordero, profesor de la Universidad de Santiago, advierte que existe una alta probabilidad de que sea uno de los cuatro eventos más intensos de los últimos 50 años, comparable al registrado entre 2015 y 2016.
PESCA: EL PRIMER IMPACTO Y SUS CONSECUENCIAS REGULATORIAS
El sector pesquero suele ser el primero en sentir los efectos del calentamiento oceánico. Héctor Bacigalupe, gerente general de Sonapesca, explica que en la zona norte la captura de anchoveta puede caer hasta un 70% durante un año de El Niño. Las estadísticas históricas muestran descensos violentos en temporadas como 1982-83, 1997-98 y 2015-16, cuando se registró un mínimo de 236 mil toneladas. Ante este escenario, las empresas deben redoblar esfuerzos para localizar los cardúmenes, lo que implica mayores costos operativos y eventuales ajustes en sus planes de pesca autorizados por la autoridad marítima.
En la zona centro-sur, el jurel también ha mostrado un comportamiento anómalo. Ricardo García, gerente general de Camanchaca, señala que la mayor temperatura ha dispersado a los peces, lo que obligó a la compañía a cerrar su planta de conserva en Coronel tras una disminución del 50% en su operación frente a un año normal. Aquiles Sepúlveda, director ejecutivo del Instituto de Investigación Pesquera (Inpesca), confirma que desde diciembre de 2025 se observan aguas más cálidas frente a las costas chilena y peruana, alterando el hábitat de especies pelágicas. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la suficiencia de las cuotas de pesca y la necesidad de adoptar medidas de contingencia bajo la normativa del sector.
SALMÓN: PREVENCIÓN ANTE RIESGOS AMBIENTALES
La industria salmonera ya enfrentó graves crisis durante eventos anteriores de El Niño. Tomás Monge, gerente general de SalmonChile, recuerda que en 2016 se registró una mortalidad masiva de 40 mil toneladas en Chiloé, el peor año productivo de la última década, con solo 728 mil toneladas. Para evitar que esto se repita, el sector ha desarrollado planes de monitoreo, como el Programa de Monitoreo de Fitoplancton, que cuenta con un centenar de estaciones de muestreo desde la Región de Los Lagos hasta las zonas australes. Alejandra Bustamante, directora de estudios aplicados del Consejo del Salmón, destaca que la industria trabaja con información de organismos técnicos y realiza monitoreos propios para anticipar escenarios adversos. La semana pasada, en Aysén, se realizó un simulacro de mortalidad masiva, lo que refleja la preparación del sector frente a posibles contingencias que podrían derivar en incumplimientos normativos.
ELÉCTRICAS: LA DEPENDENCIA DE LAS PRECIPITACIONES
El sector de generación eléctrica enfrenta una paradoja: las lluvias pueden ser una bendición o una amenaza, dependiendo de cuándo y cómo caigan. Si las precipitaciones se concentran entre julio y septiembre, los embalses podrían recuperarse y asegurar energía para la temporada seca. Pero si se retrasan hacia fines de año, como proyectan algunos modelos, se dificulta el almacenaje y aumenta el riesgo de vertimientos. Una fuente especializada de una eléctrica señala que hoy el fenómeno se manifiesta débil y su mayor desarrollo se espera fuera de la temporada de precipitaciones más relevantes, lo que sugiere un aumento moderado de lluvias durante la segunda mitad del invierno. En todo caso, el Coordinador Eléctrico Nacional cuenta con un sistema de proyección de caudales con siete días de adelanto, y la Dirección General de Aguas coordina con las empresas la apertura de compuertas para evitar inundaciones. Estas coordinaciones implican estrictos protocolos legales y de seguridad.
AGRO: LLUVIAS QUE PUEDEN ARRUINAR COSECHAS
La agricultura, especialmente la fruticultura de la zona centro-sur, es otro de los sectores más vulnerables. Víctor Catán, presidente de Fedefruta, expresa una gran preocupación porque las precipitaciones fuertes entre agosto y noviembre podrían dañar la floración y la cosecha temprana. Antonio Walker, presidente de la SNA y fruticultor, advierte que si las lluvias ocurren durante la floración, se producen problemas de hongos, y si llegan después, afectan la calidad de la fruta, aumentando el riesgo de pudriciones. En la temporada 2023-24, las pérdidas solo en cerezas alcanzaron el 25% de la producción, especialmente en variedades tempranas, y hubo pérdidas totales en uva de mesa por inundaciones. Para mitigar estos riesgos, se sugiere a los productores aplicar fungicidas y limpiar canales y desagües, medidas que deben enmarcarse en el cumplimiento de las normas fitosanitarias y de uso de suelo.
BOSQUES: EL RIESGO DE INCENDIOS SE AGUDIZA
La industria forestal recibe bien las lluvias para el desarrollo de sus plantaciones, pero El Niño trae consigo dos amenazas: el aumento de pastizales, que actúan como combustible, y las altas temperaturas estivales que prolongan la temporada de incendios hasta mayo. Rafael Correa, gerente de bosques Chile en CMPC, advierte que en condiciones de Niño los incendios tienden a ser mucho más grandes y las propagaciones mucho más rápidas. Las dos mayores forestales del país, Arauco y CMPC, han invertido en equipos, tecnología y limpieza de desechos para reducir la carga de combustible, e incluso aplican estrategias de “copamiento”, concentrando recursos en zonas identificadas como de mayor riesgo mediante herramientas tecnológicas. Estos esfuerzos preventivos deben alinearse con la normativa de protección silvícola y las coordinaciones con el Estado para el combate de siniestros.
Fuente: La Tercera
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
