El académico Francisco Urdinez advierte que el equilibrio comercial que permitió a Chile prosperar durante 25 años con Estados Unidos y China como contrapartes ha llegado a su fin. El director del Núcleo Milenio Impactos de China en América Latina y el Caribe y profesor del Instituto de Ciencia Política de la UC presentó la versión en español de su libro «Desplazamiento económico», donde sostiene que el país enfrenta una etapa para la cual no está preparado.
La obra, publicada por editorial Planeta y lanzada oficialmente este lunes, documenta con datos el ascenso de la influencia económica china en la región y el retroceso estadounidense. El análisis cobra especial relevancia en momentos en que el gobierno del presidente José Antonio Kast busca acercar la relación a la superpotencia, mientras China se mantiene como el principal socio comercial del país.
EL LIBRO
El texto describe cómo el gigante asiático dejó de ser solo un comprador de materias primas y energía para convertirse en un importante financista de obras públicas y un inversionista estratégico en América Latina. Según el autor, el desplazamiento económico de Estados Unidos obedece a la falta de oportunidades económicas que Washington ofreció en la región, vacío que China ocupó sin exigir a los países adoptar su agenda política.
«Hubo una falta de estrategias proactivas para alentar a las empresas a mantener o mejorar el peso económico de EE.UU. en América Latina», plantea el libro. Las compañías estadounidenses, agrega, priorizan las ganancias y en algunos casos estiman que no pueden competir con sus pares chinas en licitaciones.
Sobre Chile, la obra reconoce que el avance chino dejó un equilibrio casi perfecto con Estados Unidos, pero Urdinez alerta que esa posición será insostenible en el futuro.
EL ROL DE CHINA Y EE.UU.
El investigador sostiene que China es un actor económico fundamental, mientras que la hegemonía política sigue siendo estadounidense. Las élites de la región se formaron en Estados Unidos, hablan inglés y casi nada de chino, por lo que Pekín aún no logra traducir su peso económico en influencia política. Para que eso ocurra, estima que las tendencias de desplazamiento económico deberían mantenerse unos 20 años más.
En los últimos dos años, sin embargo, Washington ha endurecido su postura y castiga a los países que se acercan a China. En Chile, eso genera un efecto medible: los ciudadanos prefieren no involucrarse tanto con Pekín para no irritar a Estados Unidos, pero sin ofrecer una compensación por la pérdida económica que implica distanciarse de China.
Esa sensación de pérdida de oportunidades, advierte Urdinez, se irá instalando en la opinión pública si Estados Unidos condiciona el vínculo chileno con el gigante asiático.
EL ESCENARIO PARA CHILE
Chile ha sido un país pragmático que capitalizó bien su relación con ambas potencias, y no por casualidad es uno de los que más se ha desarrollado económicamente en los últimos 30 años. Pero ese modelo está agotado, no porque no le convenga, sino porque no se podrá mantener.
La razón es práctica: Estados Unidos obliga a posicionarse con sanciones y amenazas en materias clave como infraestructura para el comercio, defensa y telecomunicaciones. También alerta sobre la vinculación con China respecto de minerales críticos y transición energética.
«El escenario perfecto que tuvo Chile por 25 años se acabó», sentencia Urdinez. El país firmó acuerdos de libre comercio con numerosas naciones y se preparó para un mundo de comercio abierto que ya no existe.
CAMINO DE DIVERSIFICACIÓN
Frente a ese diagnóstico, el autor plantea que Chile debe diseñar una estrategia de diversificación con países como India, Indonesia, Australia y Vietnam, que permitan compensar una eventual pérdida de relevancia de China. La dependencia actual respecto de ambas potencias deja al país en una situación vulnerable.
Urdinez reconoce que China ocupó un espacio económico que ningún otro actor estaba en condiciones de asumir, y que Estados Unidos no puede reemplazar esas inversiones. Aun así, Washington se irrita cuando un país se acerca a Pekín, y ya no parece existir un término intermedio.
Los próximos 10 años serán decisivos para saber si Chile logra ubicarse entre los países que no dependen exclusivamente de ninguna de las dos potencias. Si no lo hace, estará en una posición muy precaria. Además, advierte, será difícil seguir creciendo como mero exportador de materias primas.
LA DISCUSIÓN NECESARIA
El académico propone conversar abiertamente con Estados Unidos para conocer sus líneas rojas y determinar si, al privarse de proyectos con China, existirá alguna alternativa. En el actual contexto del gobierno de Trump, dice, es importante no irritar ni confrontar a Washington.
Con China también hay que dialogar para explicitar los condicionamientos impuestos por Estados Unidos y dar previsibilidad a los inversionistas, sobre todo a los chinos, que en los últimos años sienten un trato duro en casos como el litio de Tianqi con SQM, los salmones de Joyvio y la denuncia de dumping que afectó a las importaciones chinas de acero en el caso de Huachipato.
Urdinez subraya además la urgencia de formar expertos chilenos en China, su política y su idioma, un capital humano que hoy es escaso. La relación con Pekín debiese ser previsible y pasar desapercibida, algo que otros países de la región no lograron.
Chile debe prepararse, concluye, para una China que ejerce lobby con éxito en la región, al igual que Estados Unidos. La relación con el gigante asiático trasciende las ideologías y debe estar bien preparada tanto por la derecha como por la izquierda.
Fuente: La Tercera
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
