La reinserción laboral de quienes dejan el poder en La Moneda no es automática ni sencilla. Tras años de exposición pública, decisiones de alto impacto y una rutina marcada por la adrenalina, el regreso a la vida civil representa un desafío que combina estrés, búsqueda de identidad profesional y, en muchos casos, una significativa baja de ingresos. Así lo evidencia la experiencia de exministros de diversas administraciones, incluida la saliente del Presidente Gabriel Boric, cuyos integrantes enfrentan caminos inciertos.
EL PESO DE LA ADRENALINA Y EL RETORNO A LA NORMALIDAD
El exministro del Interior de Ricardo Lagos, Francisco Vidal, relata cómo el paso de la intensidad del poder a la vida cotidiana puede ser angustiante. Al día siguiente de dejar el cargo, vestido de corbata, se dirigió a una entrevista de trabajo en la Universidad Alberto Hurtado, invitado por el rector de entonces. La transición, describe, generó una sensación extraña: pasar de revisar periódicos hasta la madrugada a una rutina normal le provocó un estrés que estalló meses después. Incluso, se reunió con otros excolegas para compartir esa experiencia de pasar de una adrenalina «medio enfermiza» a la normalidad.
Raúl Figueroa, exministro de Educación del segundo gobierno de Sebastián Piñera, sostiene que el cargo de ministro exige al máximo en todas las dimensiones: comunicación, gestión, toma de decisiones con información limitada y negociación. En el mundo privado, usualmente se demanda una sola de esas habilidades, pero en la política se requiere el desempeño pleno en todas. Quienes fracasan no suelen ser por falta de inteligencia, sino por fallar en alguna de esas áreas.
El impacto no es solo psicológico. La autoestima también sufre, pues muchos vuelven al punto de partida: académicos retoman la docencia, abogados regresan a los tribunales y médicos al sistema de salud. Esa realidad se ha repetido en la administración Boric, donde varios exministros han optado por la academia. Nicolás Grau, Luis Cordero, Alberto van Klaveren, Nicolás Cataldo, Ximena Aguilera, entre otros, regresaron a universidades, aunque no siempre a las mismas. Cordero, por ejemplo, retorna progresivamente al estudio FerradaNehme, donde era socio, mientras que Aguilera intentó volver a la UDD sin éxito, recalando en la UDP.
CAMINOS DIVERSOS HACIA LA REINVENCIÓN
La reinserción se complica cuando el exministro proviene de la política partidista. Un exsecretario de Estado del gabinete de Boric reconoce que los «animales políticos» no buscan el sector privado como primera opción; quieren volver a la actividad. Sin embargo, la derrota electoral de 2025 ha hecho más difícil ese retorno, especialmente para quienes fueron críticos del mundo privado durante su gestión.
Figuras como Carolina Tohá, Álvaro Elizalde, Carlos Montes, Maya Fernández, Camila Vallejo, Antonia Orellana, Javiera Toro y Francisco Figueroa enfrentan ese desafío. Tohá creó un observatorio de seguimiento de políticas de seguridad, aunque sin proyectos conocidos hasta ahora. Mario Marcel, expresidente del Banco Central y exministro, realiza consultorías internacionales y mantiene en reserva su colaboración con la oposición a la megarreforma de Kast. Jeannette Jara fundó una consultora llamada Faro, que sus cercanos califican como «en rodaje», y ha dado charlas en el extranjero.
El caso de Camila Vallejo es emblemático: tras ser vocera de gobierno y una de las personas más cercanas al Presidente, se encuentra sin trabajo estable. Un exministro del mismo gabinete señala que ella nunca ha parado desde su época de dirigente estudiantil y que posiblemente necesita un descanso. También ha sido compleja la reinserción de Tohá y Marcel, quienes fueron puntales de la administración.
Algunos optan por crear sus propias empresas de asesorías. Ana Lya Uriarte creó Asesorías e Inversiones Lya hace dos años, Jeannette Jara hizo lo mismo, Álvaro García reabrió su consultora y Aisén Etcheverry es directora de Asuntos Públicos de Crítica. Giorgio Jackson tomó un rumbo diferente: estudia un doctorado en Barcelona, saldando una deuda personal de especialización académica que postergó por una década.
LAS DIFICULTADES ECONÓMICAS Y LA DIFERENCIA ENTRE SECTORES
Volver a la academia no garantiza estabilidad económica. Un exministro de Michelle Bachelet señala que los sueldos en universidades son bajos, obligando a algunos a emitir boletas por montos de 300 mil o 500 mil pesos, y a tener que hacer clases en tres o cuatro instituciones para reunir dos o tres millones de pesos. La docencia no paga lo suficiente para mantener el nivel de vida que tenían como ministros, cuyas remuneraciones rondaban los 7 millones de pesos.
Ese mismo exsecretario de Estado afirma que la izquierda lo tiene más difícil. Antes existían fundaciones, pero con escasos recursos. Muchos montan consultoras para asesorar a parlamentarios o alcaldes, a veces replicando los mismos informes para varios municipios. En contraste, los exministros de derecha parecen tener transiciones menos traumáticas, gracias a una red de universidades privadas que los reclutan para abrir observatorios o potenciar facultades. Un exministro de Sebastián Piñera confirma que, aunque tenía un buen sueldo, debió echar mano a sus ahorros durante el gobierno porque su remuneración no cubría gastos familiares como colegios y dividendos.
Sin embargo, incluso para la derecha el retorno no es automático. Después del segundo gobierno de Piñera, el mundo privado empezó a ver a los políticos con recelo, considerando que podían teñir la marca o reputación de una empresa. Un exministro de Chile Vamos cuenta que alguien que fue ministro con él se demoró unos ocho meses en encontrar trabajo, y que el paso por el gobierno no es un certificado de éxito financiero.
LA ENCRUCIJADA DE LOS EXMINISTROS POLÍTICOS
Para los que provienen de una trayectoria política profesional, la decisión de «privatizarse» es crítica. Un exministro de Boric sostiene que si toman ese camino, deben hacerlo de manera definitiva, porque lo transitorio no genera credibilidad en el mercado. La red de contactos y la experiencia no bastan; se requiere un complemento de formación que abra más campos.
Un exministro de la Nueva Mayoría es pesimista: cree que muchos exsecretarios de Estado están desesperados, presionando a alcaldes y diputados para encontrar algo, pero como están tan expuestos, nadie se atreve a incluirlos en una planilla de pago. «Están condenados a ser lobistas», sentencia.
En contraste, algunos exministros logran transiciones más apacibles. Jorge Burgos, quien estuvo en Defensa e Interior con Michelle Bachelet, volvió a ejercer como abogado. Reconoce que se acostumbró al transporte público y a pagar impuestos en abril, y que aunque echa de menos la complejidad del poder, lleva una vida más tranquila.
Helia Molina, exministra de Salud de Bachelet, regresó a la docencia en la Universidad de Santiago tras renunciar por una polémica. Confiesa que le hubiera gustado seguir en el cargo, pero valora la docencia.
La experiencia de los exministros de Gabriel Boric muestra que la reinserción es un proceso diverso y lleno de incertidumbre, donde el capital político, el momento económico y las redes personales determinan el destino de quienes alguna vez estuvieron en la primera línea del poder.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.
